Buenas Lunas queridas almas oscuras, como muchos de ustedes sabrán muchos dicen que Caín es el padre de los vampiros y he aquí un excelente poema de un poeta que se ha vuelto bastante recurrente de este rincón escondido, Charles Baudelaire.
Otra cosa, recordemos que "Dios" acepto sin problema el sacrifio de Abel, mientras que con desprecio rechazo el de Caín, y por esto Caín mató a Abel... pero en este sitio no me voy a meter demasiado en este tema, ya que tengo tanto desprecio por la iglesia catolica, que este blog se volveria... totalmente contra ella, tal vez algún día haga un blog de esto, pero no se... siento meterme tanto en esto, aqui esta el poema:
Raza de Abel, duerme, bebe y come;
Dios te sonríe con complacencia.
Raza de Caín, en el fango
arrástrate y muere míseramente.
Raza de Abel, tu sacrificio
halaga la nariz del serafín.
Raza de Caín, tu suplicio
¿tendrá jamás un fin?
Raza de Abel, mira tus siembras
y tu ganado prosperar.
Raza de Caín, tus entrañas
aúllan el hambre como un viejo perro.
Raza de Abel, calienta tu vientre
en tu hogar patriarcal.
Raza de Caín, en tu antro
tiembla de frío, pobre chacal.
Raza de Abel, ¡ama y pulula!
tu oro hace también pequeños.
Raza de Caín, corazón que arde,
ponte en guardia contra esos grandes apetitos.
Raza de Abel, creces y ramoneas
como las chinches en la madera.
Raza de Caín, en las rutas
arrastra tu familia a la desesperada.
¡Ah, raza de Abel, tu carroña
engordará el suelo humeante!
Raza de Caín, tu tarea
no está hecha suficientemente.
Raza de Abel, he aquí tu verguenza:
el hierro ha sido vencido por la jabalina.
Raza de Caín, sube al cielo,
y arroja a Dios sobre la tierra.
CHARLES BAUDELAIRE
2.19.2010
Abel y Caín
Etiquetas:
Charles Baudelaire,
Poesía
2.17.2010
Le danse macabre du vampire
Theatre des vampires
Impía sangre, mierda sangrienta
Soy tu pesadilla, tu condena
esta noches nos levantamos
para joder tu alma
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Impía virgen puta sangrienta
soy tu placer, tu sufrimiento
Esta noche nos levantamos para nuestra sed
esta noche nos levantamos para nuestra vida
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Oh, mi bella dama!
dejame beber de tu cuello!
dejame lamer tu cuerpo!
dejame tomarte!
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Impía sangre, mierda sangrienta
Soy tu pesadilla, tu condena
esta noches nos levantamos
para joder tu alma
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Impía virgen puta sangrienta
soy tu placer, tu sufrimiento
Esta noche nos levantamos para nuestra sed
esta noche nos levantamos para nuestra vida
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Oh, mi bella dama!
dejame beber de tu cuello!
dejame lamer tu cuerpo!
dejame tomarte!
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
Danza! Danza! Danza!... El vampiro
2.15.2010
Gilles de Rais
Gilles de Rais fue un noble y asesino en serie francés del siglo XV que luchó en los años finales de la Guerra de los Cien Años junto a Juana de Arco, a la que siguió y en la que creyó siempre.

En esta guerra se fue pocisionando hasta convertirse en mariscal mientras iba haciendo una gran fortuna. La buena fama que lo represento en el combate contra los ingleses se vió casi perdida por las atrocidades que cometió cuando se retiró de las labores militares. Es posible que las acciones que realizó tengan que ver con una mentalidad psicópata originada en su infancia. Asesinó a centenares de niños en su castillo acompañado de una macabra corte formada por brujos, alquimistas, videntes, adoradores del diablo.
Era culto, aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero más despilfarrador. Desde este momento se entrega a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. Gilles de Rais tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos llegando al éxtasis. Si oía decir que se había escuchado una hermosa voz, no descansaba hasta conseguir llevar a su servicio a quien la poseía, por muy lejos que estuviera, como los cantores contratados en Poitiers, André Buchet, de Vannes y Jean de Rossingol, de La Rochelle, a quienes pervirtió haciéndoles partícipes de sus orgías y crímenes.
Aunque tambien para volver a recuperar su fama se volvió bastante generoso, ayudando a cualquiera que se presentara en su castillo, ademas de dar grandes banquetes y presentaciones teatrales, que eran tan esplendidas que le hizo perder gran parte de su fotuna.
Gilles de Rais cae en manos de un embaucador, Prelati, que le prometió grandes riquezas que prodría obtener gracias a la magia negra. Prelati asegura a su señor que, en una de sus invocaciones, ha visto cerca de él al demonio, pero que esta aparición fantástica se desvaneció sin que hubiera podido pronunciar palabra alguna. El crédulo mariscal tenía un pánico atroz al diablo aunque nunca lo veía, hizo caso de Prelatti, con quien tenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y los conjuros. En otras ocasiones Prelatti salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se relizaban en un cuarto escondido, causando en Gilles más pánico.
Llegó a utilizar varias de sus posesiones (no sólo el castillo de Tiffauges) para cometer sus crímenes, como el castillo de Machecoul, el de Champtocé y la casa de la Suze.
Una vez se aprovechó de unos niños que eran mendigos y que fueron a pedir limosna inocentemente a su castillo. Gilles los violó y desmembró. A algunos los violó ya muertos y con las entrañas al aire. Una vez muertos los abrazaba fuertemente y deliraba; en otras ocasiones se reía ante los últimos extertores del niño y muchas veces cortaba la vena yugular haciendo brotar la sangre, causándole gran placer.
En algunas ocasiones cuando asesinaba a una de sus víctimas se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas atrocidades.
Durante los ocho años de terror, Gilles parecía no vivir en un mundo real, rodeado de gran fastuosidad y como si no se diera cuenta de las brutales acciones que llevaba a cabo. Según contó en el juicio que se le hizo, junto con su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién muertos y hacían competiciones para elegir los rostros más bellos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Se llegó a contar que estas calificaciones las firmaba el mismo demonio.
Todo esto termino cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y vio que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenes gracias al hecho de que en plena depresión Gilles vendió uno de sus últimos castillos.
Fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable quedando muy arrepentido de lo que había hecho el día 15 de octubre y finalmente el día 22 ante los jueces eclesiásticos, comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños (de entre 7 y 20 años), actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que "necesitaba aquel goce sexual" y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados.
Se llegaron a constatar 200 víctimas aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.

En esta guerra se fue pocisionando hasta convertirse en mariscal mientras iba haciendo una gran fortuna. La buena fama que lo represento en el combate contra los ingleses se vió casi perdida por las atrocidades que cometió cuando se retiró de las labores militares. Es posible que las acciones que realizó tengan que ver con una mentalidad psicópata originada en su infancia. Asesinó a centenares de niños en su castillo acompañado de una macabra corte formada por brujos, alquimistas, videntes, adoradores del diablo.
Era culto, aunque no reflexivo, ávido de riquezas pero más despilfarrador. Desde este momento se entrega a los más locos dispendios para satisfacer sus más caros caprichos. Gilles de Rais tenía pasión por todas las artes, especialmente por la música. Se exacerbaba con los cantos gregorianos llegando al éxtasis. Si oía decir que se había escuchado una hermosa voz, no descansaba hasta conseguir llevar a su servicio a quien la poseía, por muy lejos que estuviera, como los cantores contratados en Poitiers, André Buchet, de Vannes y Jean de Rossingol, de La Rochelle, a quienes pervirtió haciéndoles partícipes de sus orgías y crímenes.
Aunque tambien para volver a recuperar su fama se volvió bastante generoso, ayudando a cualquiera que se presentara en su castillo, ademas de dar grandes banquetes y presentaciones teatrales, que eran tan esplendidas que le hizo perder gran parte de su fotuna.
Gilles de Rais cae en manos de un embaucador, Prelati, que le prometió grandes riquezas que prodría obtener gracias a la magia negra. Prelati asegura a su señor que, en una de sus invocaciones, ha visto cerca de él al demonio, pero que esta aparición fantástica se desvaneció sin que hubiera podido pronunciar palabra alguna. El crédulo mariscal tenía un pánico atroz al diablo aunque nunca lo veía, hizo caso de Prelatti, con quien tenía una relación homosexual, y mandó que se redoblasen los ensalmos y los conjuros. En otras ocasiones Prelatti salía herido después de una de sus invocaciones, que siempre se relizaban en un cuarto escondido, causando en Gilles más pánico.
Llegó a utilizar varias de sus posesiones (no sólo el castillo de Tiffauges) para cometer sus crímenes, como el castillo de Machecoul, el de Champtocé y la casa de la Suze.
Una vez se aprovechó de unos niños que eran mendigos y que fueron a pedir limosna inocentemente a su castillo. Gilles los violó y desmembró. A algunos los violó ya muertos y con las entrañas al aire. Una vez muertos los abrazaba fuertemente y deliraba; en otras ocasiones se reía ante los últimos extertores del niño y muchas veces cortaba la vena yugular haciendo brotar la sangre, causándole gran placer.
En algunas ocasiones cuando asesinaba a una de sus víctimas se arrepentía y juraba partir hacia Tierra Santa para redimir sus pecados, pero al poco tiempo volvía a cometer las mismas atrocidades.
Durante los ocho años de terror, Gilles parecía no vivir en un mundo real, rodeado de gran fastuosidad y como si no se diera cuenta de las brutales acciones que llevaba a cabo. Según contó en el juicio que se le hizo, junto con su grotesca corte, cortaban las cabezas de varios niños recién muertos y hacían competiciones para elegir los rostros más bellos. Las cabezas eran ensartadas en picas y las iban calificando. Se llegó a contar que estas calificaciones las firmaba el mismo demonio.
Todo esto termino cuando el obispo de Nantes, Jean de Malestroit, investigó las desapariciones de Bretaña y vio que no eran casuales. Malestroit descubrió los crímenes gracias al hecho de que en plena depresión Gilles vendió uno de sus últimos castillos.
Fue encerrado en una prisión acomodada por su condición de noble. Se declaró al principio inocente, pero en uno de los trastornos de personalidad que ya sufría de años atrás, rectificó y se declaró culpable quedando muy arrepentido de lo que había hecho el día 15 de octubre y finalmente el día 22 ante los jueces eclesiásticos, comandados por el obispo de Saint-Brieuc, documentó todos los asesinatos y las vejaciones que practicaba a los niños (de entre 7 y 20 años), actuaciones pedófilas, rasgaduras, colgamientos del techo por ganchos, decapitaciones, etc. Dijo que hasta había bebido la sangre de los niños, incluso cuando estos aún estaban vivos, que "necesitaba aquel goce sexual" y que escribió un libro de conjuros con la supuesta sangre de los asesinados.
Se llegaron a constatar 200 víctimas aunque probablemente fueran muchas más. Fue condenado por asesinato, sodomía y herejía.
1.29.2010
Letanías de Satán
¡Oh tú!, el más sabio y el más hermoso de los Ángeles,
Dios traicionado por la suerte y privado de alabanzas,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
¡Oh, Príncipe del exilio al cual se ha agraviado,
Y que, vencido, siempre te yergues más fuerte!
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que sabes todo, gran rey de las cosas subterráneas,
Curandero familiar de las angustias humanas,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que, aun a los leprosos, a los parias malditos
Enseñas por el amor el gusto del Paraíso,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
¡Oh, tú, que de la muerte, tu vieja y fuerte amante,
Engendras la Esperanza, -una loca encantadora!
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que infundes al proscripto esa mirada serena y altiva
Que condena todo un pueblo alrededor de un patíbulo,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que sabes en qué rincones de las tierras envidiosas
El Dios celoso oculta las piedras preciosas,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú, cuya clara mirada conoce los profundos arsenales
Donde duerme sepultado el pueblo de los metales,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú, cuya larga mano oculta los precipicios
Al sonámbulo errante en el borde de los edificios,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que, mágicamente, ablandas los viejos huesos
Del borracho retardado hollado por los caballos,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que, para consolar al hombre débil que sufre,
Nos enseñas a mezclar el salitre y el azufre,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que pones tu impronta, ¡oh!, cómplice sutil,
Sobre la frente del Creso implacable y vil,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Tú que pones en los ojos y el corazón de las rameras
El culto de la llaga y el amor de los andrajos,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Báculo de los exiliados, lámpara de los inventores,
Confesor de los ahorcados y de los conspiradores,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Padre adoptivo de los que en su negra cólera
Del paraíso terrestre arrojó Dios Padre,
¡Oh, Satán, apiádate de mi larga miseria!
Charles Baudelaire
Dama de Hierro
Aqui les presento mi instrumento de tortura favorito:
LA DAMA DE HIERRO
Creada por Núremberg.

Al parecer, la primera persona ejecutada por este medio fue un falsificador de monedas, el 14 de agosto de 1515.
Esta obra tenía la forma de un sarcófago antropomorfo, que medía más de dos metros de alto y casi uno de ancho con dos puertas y clavos en todo su interior; mismos que al cerrar las puertas penetraban el cuerpo de la víctima que estaba sujeto por el cuello, cintura, y extremidades para evitar que se moviera, el posicionamiento de los clavos se podían acomodar para que estos no penetraran en zonas vitales y así poder prolongar al máximo la agonía de la víctima en su interior. A la víctimas se les introducía y sujetaba, se acomodaban los clavos a la altura correspodiente, para luego cerrar las puertas y que los afilados clavos penetraran en los ojos, hombros, brazos, vientre, pubis, gluteos y piernas, pero no lo suficiente para causar la muerte, sino que así estaban durante casi dos días, después de los cuales entre gritos y lamentos la víctima moría y si no se le sacaba para practicarle descuartizamiento o despedazamiento.
Otra característica secundaria pero importante era que las puertas de hierro podían ser abiertas independientemente. Esto era útil para comprobar que la víctima estaba teniendo un sufrimiento suficiente y negar el riesgo de posibles escapes.
Dato curioso:En el siglo XVII Erzsébet Báthory utilizó la doncella de hierro contra sus doncellas para obtener así más sangre de sus víctimas para conseguir la eterna juventud.
LA DAMA DE HIERRO
Creada por Núremberg.

Al parecer, la primera persona ejecutada por este medio fue un falsificador de monedas, el 14 de agosto de 1515.
Esta obra tenía la forma de un sarcófago antropomorfo, que medía más de dos metros de alto y casi uno de ancho con dos puertas y clavos en todo su interior; mismos que al cerrar las puertas penetraban el cuerpo de la víctima que estaba sujeto por el cuello, cintura, y extremidades para evitar que se moviera, el posicionamiento de los clavos se podían acomodar para que estos no penetraran en zonas vitales y así poder prolongar al máximo la agonía de la víctima en su interior. A la víctimas se les introducía y sujetaba, se acomodaban los clavos a la altura correspodiente, para luego cerrar las puertas y que los afilados clavos penetraran en los ojos, hombros, brazos, vientre, pubis, gluteos y piernas, pero no lo suficiente para causar la muerte, sino que así estaban durante casi dos días, después de los cuales entre gritos y lamentos la víctima moría y si no se le sacaba para practicarle descuartizamiento o despedazamiento.
Otra característica secundaria pero importante era que las puertas de hierro podían ser abiertas independientemente. Esto era útil para comprobar que la víctima estaba teniendo un sufrimiento suficiente y negar el riesgo de posibles escapes.
Dato curioso:En el siglo XVII Erzsébet Báthory utilizó la doncella de hierro contra sus doncellas para obtener así más sangre de sus víctimas para conseguir la eterna juventud.
1.21.2010
El vampiro de Charles Baudelaire
Tú que como una cuchillada
entraste en mi triste pecho,
tú que, fuerte cual un rebaño
de demonios, viniste, loca,
a hacer tu lecho y tu dominio
en mi espíritu humillado.
Infame a quien estoy unido
como a su cadena el galeote,
corno al juego el jugador,
como a la botella el borracho
como al gusano la carroña,
¡maldita seas, maldita!
Rogué al rápido puñal
que mi libertad conquistara
dile al pérfido veneno
que socorriese mi cobardía.
Mas ¡ay! puñal y veneno
despreciándome, me han dicho:
"No mereces que te arranquen
de esa maldita esclavitud,
¡imbécil! --si de su imperio
nuestro esfuerzo te librara,
tus besos resucitarían de tu vampiro ¡el cadáver!".
Charles Baudelaire.
entraste en mi triste pecho,
tú que, fuerte cual un rebaño
de demonios, viniste, loca,
a hacer tu lecho y tu dominio
en mi espíritu humillado.
Infame a quien estoy unido
como a su cadena el galeote,
corno al juego el jugador,
como a la botella el borracho
como al gusano la carroña,
¡maldita seas, maldita!
Rogué al rápido puñal
que mi libertad conquistara
dile al pérfido veneno
que socorriese mi cobardía.
Mas ¡ay! puñal y veneno
despreciándome, me han dicho:
"No mereces que te arranquen
de esa maldita esclavitud,
¡imbécil! --si de su imperio
nuestro esfuerzo te librara,
tus besos resucitarían de tu vampiro ¡el cadáver!".
Charles Baudelaire.
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